Detrás de La vie de Rosita 1925 se esconde la mano que sostiene un pequeño universo continente de una idea, una inquietud, un pensamiento preciso. Así lo ven los ojos de Idoia Montero, su creadora, para quién todo sucede por algo que se transforma antes de llegar a ser por ello su proyecto se gesta no con la conciencia de querer ser sino con la de ser espontáneamente.
Fascinada por la esencia que desprende cada forma de vida persigue la belleza que se manifiesta como algo abstracto en los rostros de otros. Observa cada gesto que hable y se detiene en la mirada desnuda.
Desde pequeña se interesa por el dibujo en el que ve una forma de expresión. Su padre le enseña a dar sus primeros trazos para luego caminar sola. Su primer contacto con el papel en blanco comienza de la mano de la herramienta más simple, el lápiz, que le lleva a descubrir el volumen, las luces y las sombras. Autodidacta, da un paso hacia delante, hacia el color, que le abre otro mundo no tan reflexivo y con olor a óleo.
Posteriormente se licencia en Humanidades y cursa los estudios de Arte Dramático pasando ocho años en los que no deja su referente, la pintura. Animada por su madre decide formarse en Diseño de Moda. Buscando decir algo en ese campo surge en un proyecto una idea que resultará ser la primera piedra de lo que tres años después será La vie de Rosita 1925.